Creo que Schubert compuso estos seis momentos para hacerme vivir infinitos con su número seis.
Cuando escuchar música clásica era dificultoso y una cinta de cassette clásico costaba 400pts (eran las mas económicas), únicamente te podías atener a los aleatorios regalos de una sintonía de radio. Una vez mas, vino de la mano de mi hermano, (de ese hermano que estando siempre ausente, he sentido siempre tan cerca), el primer reproductor de cassette, que tantas horas de audio me proporcionó, desaparecida la mano ejecutora que acariciaba mis oídos.
Una gran amiga de la familia, me regalo uno de los mas bellos obsequios para el día de mi boda. Armonizarla.
Solo tenía una petición, el Ave Maria de Schubert durante la comunión. La emotividad del momento, la ausencia de personas importantes en mi vida, tal vez la necesidad de recordar momentos vividos en aquella iglesia, hicieron que esta pieza fuese casi imprescindible.
En la vida siempre hay personas que estropean nuestros momentos importantes, tal vez son también necesarias para saber que debemos retirarlas de nuestro camino.
El caso es que esta persona retiró con prepotencia a mi pianista, alegando los lazos familiares que nos unían y se dispuso a tocar una pieza de oído mezcla de marcha fúnebre con rumba. Si sonaba a coro de Angeles, estos estaban beodos.
Hay personas que solo aparecen en tus momentos, para que se les vea que estan allí, para lucirse, para dejar su huella mediante la foto, yo fui...yo hice... yo estuve, y es que es tan difícil hacer buenos actos manteniéndose en la sombra.
Franz Schubert, que murió a loas 31 años, no ganó mucho dinero de sus composiciones y sobrevivía gracias a la ayuda de parientes y amigos que le estimaban. Mientras vivía una temporada en Austria, compuso a los 28 años (en 1825) el ahora llamado "Ave María", una de sus más célebres composiciones.
Texto original en latín
Ave María, gratia plena,
Dominus tecum.
Benedicta tu in mulieribus,
et benedictus fructus ventris tui, Iesus
Sancta Maria, Mater Dei,
ora pro nobis peccatoribus,
nunc et in hora mortis nostrae. Amen.
Fue publicado en 1826 como su Opus 52, No.6: “Ellens dritter Gesang” (“La tercera canción de Ellen”), la protagonista ficticia escocesa de un fragmento del poema “The Lady of the Lake” (1810) que escribió Sir Walter Scott (autor escocés de “Ivanhoe”) a los 39 años. La personaje Ellen canta a la Ssma. Virgen María pidiendo su ayuda para su exiliado padre que huía al comienzo de una guerra contra el rey de Escocia.
Traducción del poema de Sir Walter Scott
¡Ave María! ¡mansa doncella!
¡Escucha la oración de una doncella!
Tú puedes oír aunque sea de lo salvaje,
Tú puedes salvar en medio de la desesperación.
Seguros podemos dormir bajo tu cuidado,
aunque exiliados, marginados e injuriados –
¡Doncella! Oye la oración de una doncella;
¡Madre, oye a una hija suplicante!
¡Ave María!
¡Ave María! ¡Intacta!
El lecho de piedra que ahora tenemos que compartir
Parecerá este edredón de plumas apiladas,
Si tu protección se cierne allí.
El aire pesado de la tenebrosa caverna
Se respirará como bálsamo si tu has sonreído;
Entonces, ¡doncella! Oye la oración de una doncella;
¡Madre, ten en cuenta a una hija suplicante!
¡Ave María!
¡Ave María! ¡Formada sin mancha!
Demonios apestosos de la tierra y el aire,
De esta su acostumbrada guarida exiliados,
Huirán ante tu hermosa presencia.
Nos inclinamos a nuestra suerte de cuidado,
Bajo tu guía reconciliados;
Oye por una doncella la oración de una doncella,
¡Y por un padre oye a una hija!
¡Ave María!
Schubert escribió a su padre y madrastra: ” Mis nuevas canciones de la Dama del Lago, de Scott, tuvieron especialmente mucho éxito. Ellos también se maravillaron enormemente de mi piedad, que expresé en un himno a la Virgen Santa y que parece tomar cada alma y enfocarla a la devoción.” No fue hasta después de su muerte que se adaptó la oración en latín del “Ave María” para su composición por la repetición del “Ave María” en la letra original, que es mucho menos conocida.
Entre mis muchas piezas preferidas y que deseaba interpretar algún día, no podía faltar una marcha militar. En cierto aspecto ese paso marcial ha tocado parte de mi vida. y cada vez que escucho una marcha, solo me viene a la memoria la accesibilidad de un persona, con la que siempre es un placer dialogar. Mi hermano.
Recuerdo de una infancia. Un órgano antiguo, de teclas casi amarillentas, una reunión familiar agasajada por la atención de una madre que siempre atendía el detalle...y unas notas que empezaban a sonar. Esa voz de barítono inconfundible que escuchaba al unísono de la melodía me hacia siempre revolotear al lado del teclado, ¿como puede tocar, cantar, gesticular y enlazar un tema con otro, anunciando mientras sonaban los primeros acordes, de la melodía que se trataba?
Escenas que han quedado grabadas en mi retina como fotografías de antaño y en cuyo álbum, cuando acude a mi memoria, al cerrar los ojos, repaso como si fuese una actual presentación de powert point, sin que deje de sonar melodías como la que anexo.
Somos las personas, las que con nuestros actos, y el día a día vamos componiendo la banda sonora de nuestro recuerdo.
Franz Schubert. Compositor Austriaco. El duodécimo hijo de 13
Conceptualizaba las melodías en su cabeza y es por lo que le resultaba aburrido escribirlas. Independientemente de sus sinfonía, óperas, misas, sonatas... compuso gran variedad de obras para canto y piano, denominadas Lied (canciones)